15/04/2026
La sincronía del sistema de lubricación consiste en que el aceite no solo esté dentro del motor, sino en que circule en el momento correcto, con la presión correcta y hacia las zonas correctas. Cuando el motor enciende, la bomba succiona aceite desde el cárter a través del chupador, lo impulsa por las galerías principales y desde allí alimenta bancadas de cigüeñal, bielas, árbol de levas, taqués, balancines, tensores hidráulicos y, en muchos motores, sistemas VVT. Esa sincronía depende directamente de las RPM del motor, de la viscosidad del aceite, de las holguras internas y del estado de la bomba. A mayor velocidad de giro, mayor caudal exige el sistema, pero la presión debe mantenerse controlada por la válvula de alivio para no entrar en sobrepresión.
En un motor bien lubricado, el cigüeñal arrastra aceite hacia cojinetes y muñones, las bielas lo distribuyen por salpicadura y presión, y la culata recibe flujo suficiente para lubricar árbol de levas y tren de válvulas. Al mismo tiempo, el tensor hidráulico de la cadena o correa bañada en aceite necesita una presión estable para mantener la distribución mecánica en su punto. Por eso la lubricación también influye en la sincronización del motor: si baja la presión, el tensor puede perder firmeza, la cadena puede tomar juego y aparecer ruido, desfase de tiempo de válvulas o incluso códigos relacionados con sincronía y VVT.
Uno de los fallos más comunes es la baja presión de aceite. Esto puede deberse a nivel bajo, aceite demasiado delgado, desgaste de cojinetes, bomba de aceite fatigada, colador obstruido, fuga interna o válvula de alivio atascada abierta. Cuando pasa, primero se afecta la película lubricante y luego aparece contacto metal-metal. El resultado puede ser ruido de taqués, cascabeleo de cadena, testigo de aceite encendido, fallos de VVT, pérdida de potencia y desgaste acelerado de cigüeñal y árbol de levas.