04/08/2023
7 de junio de 1840.
Nació en el hermoso castillo de Laeken en Bélgica; cuando su padre Leopoldo la tuvo entre sus brazos sintió que el corazón le palpitaba de la emoción: su pequeña era simplemente una belleza, y seguramente algún día sería reina de un gran país.
Una reina necesita un gran nombre y ella ¡lo tendría! Se llamaría: María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Saalfeld y Borbón-Orléans.
Una reina también necesita una educación especial, así que Leopoldo no le brindó la educación que se le otorgaba a las mujeres en ese tiempo, Carlota fue educada de la misma forma que sus hermanos mayores.
¡Ah! Pero una reina también necesita un ¡príncipe azul! y Carlota lo tuvo, se enamoró de Maximiliano de Habsburgo. Leopoldo no estaba muy feliz con eso, Maximiliano no sería rey y por consecuencia ella no sería reina, pero....no podía negarle nada a su amada hija, así que dió su autorización y una dote enorme que le permitió al príncipe de ojos azules como el cielo terminar de construir su hermoso castillo: Miramar.
De tierras lejanas llegó una invitación al joven matrimonio, les ofrecieron ser los emperadores de un exótico y gran país, ¡la oportunidad de reinar se presentaba! ¡Quien podría decir que no!
Y así llegó Carlota tomada del brazo de su príncipe azul a estas tierras sagradas feliz de poder cumplir el deseo de su padre el Rey Leopoldo de Bélgica.
Lamentablemente este cuento de hadas no tuvo un final feliz, la pobre Emperatriz Carlota tuvo que salir de México para buscar ayuda, pero sólo encontró la locura, en sus delirios siempre mencionó a su México que tanto amó y a su príncipe de ojos color de mar.
Texto: Historias de tierra sagrada, mi México