25/02/2025
**Caminar despacio no es andar lento**
*Por Óscar Fernández Galíndez*
La mayoría de la gente cree que caminar más rápido le permitirá llegar antes y hacer más. Sin embargo, esto no siempre funciona. El gran engaño radica en hacernos creer que el dominio del tiempo cronológico nos da control sobre la vida.
Al comprender este proceso, nos percatamos de que el tiempo cronológico actúa como un carcelero implacable, al que renunciamos para vivir y elegir cómo existir. ¿Cuántas veces hemos corrido para llegar a un lugar, solo para encontrarlo cerrado o el evento cancelado?
Las personas esclavas del tiempo siempre sienten que, aunque hagan mucho, aún les falta por hacer. Por eso, el tiempo nunca les alcanza. En cambio, quienes habitamos fuera de la Matrix entendemos que el control no nos pertenece y nos entregamos a la providencia. Esta entrega nos libera del estrés que enferma y, en muchos casos, acaba con la vida de quienes viven bajo el yugo del reloj.
La adicción al tiempo hace que el esclavo pregunte constantemente la hora, inquieto no por lo que hace, sino por lo que hará después. Nosotros, en cambio, existimos en el *aquí y ahora*, con atención plena en cada instante. Desde esta perspectiva, hay dos opciones:
1. **Ser esclavo de las circunstancias**, siempre perjudicado por lo que acontece.
2. **Hacerse amigo de las circunstancias**, lo cual exige soltar el control y confiar.
Esto no implica renunciar a los deseos, sino dejar de aferrarse al *cómo* deben cumplirse. A continuación, algunos caminos para habitar fuera de la Matrix:
**a) Caminar despacio y observar**: Prestar atención al entorno y a nuestras sensaciones. Si surge un dolor, observarlo sin resistirse suele hacerlo desaparecer.
**b) Ayudar sin reservas**: Si alguien necesita apoyo y está a nuestro alcance, ofrecerlo.
**c) Respirar conscientemente y vivir sin resistencia**: Evitar la mentalidad defensiva que ve al mundo como un enemigo.
**d) No pretender controlar**: Si las circunstancias nos obligan a decidir por otros, hacerlo sin miedo, confiando en que lo que llega sin forzarlo es para nosotros.
El mayor enemigo es nuestra propia desconfianza, arraigada en la ilusión de que controlar nos llevará al éxito. La clave está en escuchar la intuición: las experiencias ya nos han enseñado a distinguir lo correcto, pero a menudo ignoramos lo obvio por ver solo lo que queremos.
Además del tiempo cronológico, existen el **tiempo biológico** (regido por hormonas y emociones) y el **tiempo cíclico** (como las estaciones o el ciclo menstrual). Ambos nos recuerdan que la vida fluye en ritmos naturales, no en segundos contados.
**Conclusión**
Vivir fuera de la Matrix no es negar el tiempo, sino trascender su tiranía. Caminar despacio, respirar, ayudar y confiar no son actos de pasividad, sino de sabiduría. Quien aprende a fluir con el presente, sin aferrarse a planes rígidos, descubre que la vida se despliega con menos esfuerzo y más armonía. La verdadera libertad no está en correr hacia un futuro incierto, sino en habitar plenamente cada instante, aceptando que el ritmo de la existencia no se mide en horas, sino en la profundidad con que vivimos. Como bien dice el refrán: *"El reloj no mide el tiempo; mide movimientos. El tiempo se mide en latidos"*.