19/12/2023
Gracias a todos por sus condolencias, gracias por solidarizarse y gracias por aun vivir. Estas reflexiones me han ayudado a superar el dolor que siento por la pérdida de mi mejor amigo, mi hermano pues con el desde antes de desarrollar mi propia conciencia; jugamos y crecimos juntos, nos peleamos y lloramos hasta terminar riéndonos juntos con lagrimas de amor y amor y no mas que eso, puro Amor.
Algunas personas vivimos como si nunca fuéramos a morir, entramos en una dinámica de acumular riqueza, cuando la realidad es que la muerte siempre estará al final de nuestro camino. Y otros, por el contrario, nos encontramos en permanente angustia porque nos sentimos morir; incluso algunos desafiamos a la muerte con conductas de alto riesgo o bien ponemos entusiasmo en la recompensa final.
La actitud más saludable es, disfrutar de cada momento de la vida, sin olvidar que la muerte está al final de nuestro camino y que somos finitos. Aunque es cierto que la muerte nos destruye, su presencia nos indica lo más valioso de la vida: la capacidad de disfrutar.
En el misterio de la Muerte considero que es un fenómeno natural, determinable y previsible, pero también es jurídico y legal. Es un fenómeno cotidiano como los nacimientos, las bodas o las obras públicas, por poner sólo algunos ejemplos. Por esto, no solamente muere el señor Roberto, sino también, su padre, su hermano, hasta su hijo o un ejecutivo cualquiera, un esposo, etc. y la muerte produce tantos cambios en nuestro entorno familiar, social y laboral que difícilmente estamos preparados para ello.
Por una parte, la muerte es un misterio, y por otra, es un fenómeno familiar y cotidiano. No sabemos cuándo, cómo va a ocurrir, cuál será su causa, qué ocurre después de la muerte, pero al mismo tiempo frecuentemente (sobre todo cuando vamos siendo viejos) participamos en velatorios y entierros. Es una experiencia que compartimos con familiares, vecinos, compañeros de trabajo, etc.
Y surgen varias preguntas: si la muerte es un proceso natural, ¿por qué siempre produce extrañeza?, ¿por qué siempre ocurre por sorpresa? ¿por qué produce tanto sufrimiento? Podemos responder que la muerte como el amor siempre es nueva. Y además la muerte es lejana y próxima.
Pareciera que este fenómeno de la muerte sólo les pasara a los demás. Pero, a veces, un acontecimiento luctuoso (la muerte de un ser querido en este caso mi hermano) es lo que nos puede hacer pensar en la universalidad de la muerte: “yo también tengo que morir”, podemos pensar.
El ser humano es mortal y gracias a ello es creativo y puede disfrutar de cada instante de la vida. Si fuera inmortal sería muy aburrido y estaría hastiado de la vida, pues siempre se podría aplazar cualquier decisión. Los animales, por el contrario, son “inmortales” pues no tienen conciencia de que algún día morirán. Así lo afirma Borges:“ser inmortal es baladí, pues ignora la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal”.
Ahora bien, el miedo a la muerte considero que es una emoción básica que ayuda a la supervivencia. El miedo a la muerte es una constante en la existencia humana, aunque no exista riesgo de muerte inminente. La persona, pues, pondrá todos los medios para no morir; en este sentido el miedo ayuda a vivir (evita, por ejemplo, las conductas de alto riesgo para la existencia, o bien, favorece poner todos los medios para no morir). Consecuencia: el miedo a la muerte protege a la vida.
Así, pues, un cierto gradiente de miedo a la muerte es sano; es patológico cuando produce ansiedad, tristeza o conductas disruptivas; o bien, ese “miedo a morir” se convierte en el centro de la vida y se vive tan intensamente que incluso puede llegar a paralizar la existencia. Este miedo no posibilita, ni ayuda, sino que limita a la persona. Podemos distinguir diversos miedos alrededor de la muerte: miedo al después de la muerte, miedo a la muerte del otro y miedo al sufrimiento alrededor de la propia muerte, entre los más frecuentes. Todo dependerá, entre otros factores, de cómo se ha vivido y el significado que damos a la propia muerte.
El miedo a la muerte es universal, como lo es también el miedo a la locura, pues, ambos conllevan la destrucción biológica o psicológica. En ambos casos es un viaje sin retorno. Por esto, nuestro instinto de conservación nos puede llevar a la negación de la propia muerte (desde la dimensión afectiva y emocional), aunque racionalmente sepamos que algún día tendremos que morir.
La vida está impregnada de muerte y el afán de todo ser humano es retrasar en lo posible el momento del fatal desenlace. Parecería como si toda persona, aun sabiendo que ineludiblemente tiene que morir, su objetivo último es demorar ese momento lo más posible. Es decir, aunque sabemos que vamos a morir, incluso la muerte natural (en un hospital después de una larga enfermedad y en agonía) siempre llega demasiado pronto y siempre está acompañada de sufrimiento.
Platicando con Alejandro Roca me ha inspirado a compartir con todos ustedes estas palabras, expensa quizá, pero nunca suficientes para alcanzar a comprender del todo el misterio de la muerte.