23/03/2013
Debido a que he observado con gusto que hay visitas de personas nuevas en el ámbito de las motocicletas y que afortunadamente “espero” han comentado con otros esta visita, quiero corresponder un poco con una leyenda conocida en el mundo de las motos, quizá no conocida por todos, pero tiene un significado importante, y también da una idea de lo que son los moteros
Es normal ver una pequeña campanilla colgada debajo del radiador o en la parte baja de una moto, quizá si se pone atención la verán en algunas, esto viene de la siguiente leyenda…
Hace muchos años, en una noche fría de diciembre, un viejo motorista rugiente volvía de un viaje a México con sus alforjas llenas de los juguetes y de otras baratijas que había comprado para los niños de un grupo de casa cerca de donde él trabajó.
Mientras montaba a lo largo de esa noche, pensaba cuán afortunado era él en ese estado de su vida, tener un "socio" cariñoso como su moto que entendía su necesidad de vagar por las carreteras y a su vieja cacerola que no la había dejado abajo ni una vez en los muchos años ellas había compartido el camino junto con él.
Cercana a las 40 millas de norte de la frontera en el desierto alto, estaban al acecho un grupo pequeño de "critters" conocidos como "GREMLINS DEL CAMINO".
Sabes, existen obstáculos en la carretera, tales como zapatos, palos y pedazos de viejos neumáticos y también clavos de ésos temidos para los motoristas y tantos otros objetos que influyen en el rodar de una moto, así los "GREMLINS DEL CAMINO" los aprovechan para tener una ocasión de regocijo sobre sus actos del mal.
Bien, este lobo motorista solitario entró a una curva a la luz de la Luna y los gremlins los emboscaron, haciéndolo estrellarse contra el asfalto y en el resbalón -antes de detenerse- una de sus alforjas se rompió.
Yacía ahí incapaz de moverse, cuando los "GREMLINS DEL CAMINO" de acercaron hacia él. Bien, este motorista no estaba dispuesto a entregarse y comenzó a lanzarles los objetos que traía en sus alforjas, mientras los gremlins seguían acercándose. Finalmente, se quedó sin nada que lanzar, pero, él tenía una campana y comenzó a hacerla sonar con la esperanza de asustar a esas malvadas criaturas.
A una media milla, lejos acampados en el desierto, estaban dos motoristas sentados alrededor de una fogata mientras charlaban de su día de paseo y de la libertad que sentían cuando el viento soplaba en sus caras mientras recorrían el extenso país.
En la calma del aire de la noche oyeron un sonido parecido al de campanas de iglesia, y dispuestos a investigar fueron hacía donde provenía el sonido. Encontraron al viejo motorista al borde de la carretera con los “Gremlins” alrededor para raptarlo, procedieron a disuadir a todos y cada uno, hasta que el último se escurrió en la noche.
Agradecido, el viejo les ofreció pagarles su ayuda, pero como hacen todos los motoristas verdaderos, ellos rechazaron cualquier tipo de pago. No siendo él partidario de dejar pasar un noble acto inadvertido, el viejo motorista corto dos pedazos de cuero de sus alforjas y les ató una campana a cada uno. Enseguida las colocó en cada una de sus motocicletas, tan cerca de la tierra como fue posible.
El guerrero del camino cansado y viejo les dijo a los dos viajeros: “con esas campanas colocadas en sus motos, estarán protegidos contra los “Gremlins del camino” y siempre que estén en un apuro hagan sonar la campana y un compañero motorista irá en su ayuda”.
Así que cuando veas a un motorista con una campana, sabes que lo han bendecido con la cosa mas importante de la vida:“La amistad de un motorista compañero de ruta”.
¿les gustó?, espero que así sea.