03/05/2021
¿Quién eres tú? ¿De dónde has salido?, de tus sueños, le responde esa sombra que se refleja con una luz tenue en la habitación de Fausto, ¿de mis sueños? Responde, yo nunca sueño, o nunca lo recuerdo, siempre duermo plácidamente, entonces me has traído de los sueños que tienes cuando estás despierto, dice la sombra, ¿cómo puede ser eso? responde Fausto, ¿cómo sabes cuándo duermes o cuando estás despierto? Pregunta la sombra, Fausto responde con miedo, pero con fastidio y molestia: ¿me estás diciendo estúpido?, se cuándo duermo, me quedo inmóvil, me recuesto y descanso. ¡Oh! Fausto debes saber, no siempre se tiene que estar acostado para soñar, contesta la sombra, la realidad cuenta mucho para saber si estás soñando, Fausto con incredulidad continua, ¿pero si no estoy en descanso como puedo soñar?, la sombra responde, por tus deseos más profundos también puedes entrar en un mundo onírico, desde ahí también se puede jugar con la realidad.
Recuerdas esa chica a la que viste ayer, tu deseo más profundo era verla desnuda, y la desnudaste en tu realidad, ¿pero cuál era la realidad? ¿Sabes cuál era Fausto? ¡Claro que lo sé! dice Fausto, La chica vestida caminando por la banqueta, yo sentado mirándola, esa Fausto, era la realidad que tenía sentido para ti, le contesta la sombra, con una sonrisa burlona, pero en realidad, la chica se desnudó frente a ti y no le diste importancia, estabas obsesionado con verla desnuda justificando tu perversidad y creando una realidad que embona con lo que realmente crees que eres, y el resultado fue ver a la chica pasar caminado he imaginarla desnuda.
Es probable Fausto, que hayas ignorado varios detalles en tu realidad por construir otra que te gusta más para tu comodidad, sin embargo, nunca sabes cuando estas despierto o dormido, en este momento, estas seguro de la obscuridad y por rutina, tienes que dormir, y recostarte, pero ¿Cómo sabes que la oscuridad no es por un eclipse o un holocausto que mientras dormías sucedió, y tú eres el único sobreviene?, o bien, ¿Cómo sabes que lo único real soy yo, yo trayéndote a mi realidad?. Fausto con una angustia cerró los ojos mientras vomitaba del miedo que sentía al escuchar esa voz, entre abría los ojos para ver cómo se alejaba lentamente de la habitación.
Al día siguiente, Fausto se despertó con una sensación extraña, le dolía la cabeza, y decidió no levantarse, se reportó a su empleo y se quedó hasta medio día en la cama, sabía que algo extraño le había sucedido pero no con exactitud.
Caía la tarde y Fausto seguía en cama, solo pensando en el miedo que le daba la oscuridad, decidió darse un baño, y mientras veía su cuerpo mojado notaba moretones en varias partes sin dolor, solo manchas oscuras bajo su piel.
Salió del baño y se dirigió a la cama y justamente cuando estaba cerrando los ojos, empezó a sentir miedo, ansiedad y frío. Todas las noches entraba una luz por la ventana de la habitación, reflejándose en la pared frontal de la cama de Fausto. Fijamente miraba la luz como si estuviera esperando algo.
Se escuchaba una respiración, y la sombra, de abajo hacia arriba se iba apoderando de esa pared, ¿Fausto me escuchas? Fausto descubriéndose la cara de las sabanas contesta con miedo, ¡si! Te escucho. Es un gusto que hoy no te rindieras a la realidad que fabricamos todos los días donde te sientes tranquilo, me da gusto que por fin entiendas que tu lugar es aquí, conmigo en la obscenidad sobre una pequeña luz que me deja vivir.
Fausto ¿Qué has pensado de lo que charlamos ayer? El responde, no recuerdo haber charlado contigo, la sombra burlona le contesta, Fausto, ¿oh! Querido Fausto, te empeñas en negar tus deseos más profundos, te niegas a soñar y a descubrir tu realidad. Hoy te contare como te traje aquí, tu eres un cuerpo en el que habita mi esencia, tu eres lo que yo siempre anhele ser, alguien gris, inexistente, reprimido y perverso, pero sobre todo alguien con cuerpo, no el más bello pero si el más sano, que pudiera sentir, dolor angustia, alegría, felicidad coraje envidia, sobre todo pasión.
¿Sabes por qué deseaba tener todo eso Fausto? ¿no lo has adivinado?, soy la sombra de un ser que no debía existir, no soy un demonio, ni un monstruo, solo soy un ser amorfo que se alimenta de las cosa más bajas del mundo, tengo cuencas en el cuello por donde defecas, mis manos todo lo pudre para poder alimentarme, mis ojos tienen fuego, mi mirada desemboca ira, mi cabeza es calva y tiene un orificio donde sale pus constantemente, mis olor es desagradable por la mi**da que desechan las cuencas, no puedo limpiar mi deforme cuerpo si lo hiciera moriría, mi boca agusanada, no puede besar fabrica veneno y si alguien lo hiciera moriría, soy lo que nadie desea, no puedo hacer el bien ni el mal, para mí no existe esa dualidad, solo me quedo con los deseos más profundos de los cuerpos que habito constantemente para poder seguir existiendo, es por eso que tome el tuyo, tu existes porque yo así lo he querido, tus deseos individuales alimentan mi esencia, y me permiten sentir a través de tus experiencias, ahora por ejemplo, sientes miedo, ese miedo es un manjar para mis sentidos, sin embargo, no tienes nada que temer no te haré daño, el daño ya está hecho con tus malas decisiones, tú me aceptaste sin poner resistencia, pedias en cada sueño que tomara tu cuerpo.
Después de que la sombra terminada de charlar desapareciera dejando a Fausto en un profundo descanso, que al día siguiente no podía recordar nada, solo tenía una sensación de angustia y miedo que le hacía perderse en sus pensamientos. Cada día, Fausto perdía la voluntad, y junto con ello su empleo, se aislaba y no podía salir, las sombras le aterraba y nunca dejaba entrar la luz en su habitación.
Un día, mientras Fausto vomitaba como ya era costumbre, empezó a recordar una débil imagen de un ser deforme, y mientras veía el vómito en su escusado, recordaba con miedo voces en especial la tesitura de una voz en particular, tenía varias noches sin poder conciliar el sueño, pero esa noche, se sentía tan cansado que cerró los ojos se recostó sobre su almohada, y se percató de un hedor desagradable, un hedor a mi**da.
Cuando abrió los ojos estaba la sombra que le atormentaba todas las noches frente a él. Fausto nuevamente nos volvemos a encontrar, le dice la sombra, has estado enfermo, ya perdiste tu empleo, falta poco para que no tengas que comer, ¿ qué pasa contigo?, ¿acaso no sabes que yo dependo de ti, de tus sensaciones, de tus emociones, de tus pasiones, acaso deseas que muera?, Fausto con hastío le responde, solo deseo que me dejes libre, que detengas este juego, ¡me estoy muriendo!, la sombra riendo con una gran y escandalosa carcajada le responde, ¿acaso no sabes que ya has mu**to? El hedor eres tú pudriéndose en tu vómito, Fausto se levanta y tratando de buscar un indicio de vida, corre a un espejo, y cuál fue su sorpresa, le habían salido cuencas en cuello, su cabeza deshecha pus, sus manos eran verdes como lo podrido y su mirada le ocasiona enojo si razón, gritando le dice, a la sombra. ¡Me has convertido en ti! ¿Porque me has hecho esto?, la sombra burlona le responde, yo no te hice nada, tu decidiste convertirte en un monstruo, por tu constante miedo, tú te tienes miedo, por no pensar por no indagar de dónde venía esa sombra que te atormentaba, solo me escuchabas y dormías, jamás te cuestionas nada, y eso mi querido Fausto te lo hiciste tú, yo siempre seré una sombra, una mancha obscura en la luz una dualidad pero tú, siempre serás un monstruo.
Fausto desesperado, buscaba tapar esa luz tenue que reflejaba la sombra, no sabía que pasaba, él ya no era un ser humano, era un ser amorfo sin voluntad, sin razón, la voz de la sombra le repetía por toda la habitación, ¡estás mu**to, estás mu**to! Fausto desesperado tropieza y cae en un desmayo profundo.
Al siguiente día con la luz del sol en la cara Fausto de despierta, empieza a tentar su cuello, las cuencas habían desaparecido, su cabeza tenía cabello, sus manos eran suaves, y el hedor había desaparecido, se encontraba en una habitación blanca, donde la luz reflejaba sombras de todos los objetos que estaban ahí, se sentía tranquilo, en paz, pero no dejaba de vomitar, tenía que levantarse para ir al sanitario, no recordaba que siempre había un recipiente a lado de su cama, para eso en especial, cuando se percató de ello, continuó vomitando, mientras lo hacía escuchaba unos pasos en el pasillo, una mujer se acerca, entra a la habitación era una mujer hermosa, vestía de blanco, era la mujer que Fausto había visto meses atrás la cual le había causado un profundo deseo por verla desnuda, pero en esta ocasión está ahí en su habitación vestida de blanco, ella hablaba pero no podía entender que decía, solo se percataba de que lo sujetaba con fuerza, como si quisiera amarrarlo, efectivamente , Fausto estaba en una habitación blanca, amarrado, tranquilo sin voces sin sombras sin deseos, pero con muchos recuerdos.