28/05/2021
CUANDO LO LEÍ CASI SE ME SALEN LAS LAGRIMAS.
¡Ponme la cadenita!
En algún hogar del mundo, esa mañana como todos los días, se escuchaban los gritos alterados de un hombre regañando a su hijo: -Levántate pronto, lávate la cara, los dientes, péinate, ponte la camisa....pero apúrate, tienes que ir a clases.
¿Sabes qué?... Ya no hay tiempo para que desayunes, en el camino tomarás tu jugo, pero no lo vayas a tirar.. ¿Qué te dije, tonto?. Ya te manchaste la camisa.
Me tienes harto, nunca aprendiste a hacer bien las cosas.
El chiquillo guardaba silencio, sabía que le podía ir peor. Estaba tan atemorizado que ni siquiera podía decirle "papá".
En la escuela, constantemente era reprendido por su maestra porque se distraía. Siempre pensando por qué no podía ser feliz como los demás niños.
Esa tarde al regresar a casa , sin saber por qué, se atrevió a romper el silencio y dijo:
-Hoy me preguntó la maestra en qué trabajas y no supe qué responder.
Yo entreno perros, dijo el hombre.
-¿Y para qué los entrenas? dijo el niño.
-Los enseño a ser obedientes a sentarse, a echarse, a quedarse quietos, a brincar obstáculos, a no hacer destrozos, cuidar la casa, cuidar y proteger a los niños.
Los entreno para trabajar en la policía, en los bomberos, los entreno para rescatar personas, para salvar vidas localizando explosivos y muchas cosas más...
¡Ah! , ¡También los entreno para ayudar a caminar a las personas ciegas!
Con mucho interés seguía preguntando:
-¿Y les pagan a los perros por hacer todo eso?
Claro que no, dijo él.
A cambio reciben mucho amor, atención y cuidados de parte de sus dueños o de quienes trabajan con ellos.
- ¿Y cómo logras entrenarlos?
-Es muy sencillo, dijo.
Solamente les pongo una cadenita los llevo a pasear, camino y platico con ellos y poco a poco les voy enseñando.
Cuando no hacen bien los ejercicios los corrijo firmemente pero sin lastimarlos, después los acaricio para que sientan que no estoy enojado con ellos!.
Pero se necesita mucha paciencia!
El pe