27/06/2017
Hola buenas noches fresquitas! Aqui os dejo algo interesante para saber diferenciar un huevo campero al de jaula y algunos consejillos mas!!!
El huevo es un alimento de gran valor nutricional y de enorme interés culinario que debes elegir y conservar de manera adecuada. Este elemento forma parte de nuestra alimentación habitual, está presente en muchas recetas y se usa de muchas maneras diferentes: como aperitivo (canapés), primer plato (huevos rellenos), segundo plato (filete empanado), postre (flan), picoteo (tortilla), etc. ya sean huevos procedentes de gallinas o de otras aves como codornices o avestruces, aunque con menor frecuencia.
Escrito por Carmen Reija
En las granjas se clasifican en función de ciertas variables como el tamaño. Los de clase L, por ejemplo, tienen un tamaño mediano y aportan unas 85 calorías. De manera general, contienen un 7% de la proteína diaria recomendada, vitaminas (A, B8, B12, D, ácido fólico) y minerales (hierro, fósforo, selenio, yodo y zinc en diferentes proporciones). Además, se comercializan huevos con ciertos componentes de interés nutricional como, por ejemplo, los ricos en omega 3, que añaden estos elementos a la dieta.
La normativa de la UE obliga a imprimir en la cáscara del huevo un código informativo en el que se pueden leer las características del producto. Tiene tres bloques numéricos que se refieren a diferentes propiedades. Si quieres conocer el origen real, si es campero o de granja, simplemente tienes que fijarte en el primer número. Así:
-El 0 se refiere a huevos procedentes de granjas ecológicas, de gallinas criadas en libertad que consumen piensos ecológicos.
-El 1 es el que reconoce al huevo campero puesto por gallinas que viven libres y en el campo.
-El 2 coincide con los que ponen gallinas criadas en el suelo en gallineros que no están al aire libre y se considera una producción semiindustrial.
-El 3 es el puesto por gallinas que viven en jaulas en las que se recogen los huevos fácilmente. Es una producción industrial.
Cuando los compres, debes observar que se encuentren intactos y limpios, es decir, en su cáscara no pueden tener ni una ligera fractura o grieta. Desecha los que presenten moho, tengan un olor extraño o un sabor raro, aunque la fecha de caducidad aún no haya pasado porque es fundamental tu percepción al abrirlos. El truco de sumergirlos en el agua y eliminar los que flotan sigue siendo válido.
No supone ningún problema la presencia de alguna pequeña mancha de sangre en su interior (que puede retirarse con un cuchillo limpio) o la presencia de nubes en la clara (suele deberse a la frescura del huevo). Si no estás seguro de lo que observas, es mejor que lo tires y no lo comas.
Al llegar a casa mételos en la nevera inmediatamente. La humedad no debe ser superior al 80% para evitar el crecimiento de hongos y microorganismos. La temperatura ideal oscila entre 1 y 10º C sin llegar nunca a la congelación. Tampoco se deben lavar antes de guardarlos en la nevera para evitar que se queden húmedos en la superficie y crezcan microorganismos.
En el momento de consumirlos debes lavarlos bajo el chorro de agua fría y cascarlos en un recipiente diferente a aquél en el que lo vas a batir o que contenga otros alimentos. Tampoco debes reutilizar ese recipiente antes de lavarlo adecuadamente hasta eliminar cualquier resto.