20/10/2026
Mucho antes de las marcas modernas y las estaciones de carga de alta tecnología, las calles de Londres ya escuchaban el silencioso avance de los primeros vehículos eléctricos. A finales de la era victoriana ocurrió un experimento urbano tan ambicioso como olvidado que marcó el inicio de la movilidad alternativa.
El 19 de agosto de 1897, una flota de apariencia peculiar comenzó a deslizarse entre los carruajes de caballos de la capital británica. La gente los bautizó popularmente como los "colibríes", un apodo inspirado no solo en su llamativo color amarillo huevo que rompía con la estética sobria de la época, sino también en el característico zumbido eléctrico que emitían al transitar por la ciudad. Diseñados por el inventor Walter Bersey para la London Electric Cab Company, estos taxis llegaron a sumar más de 70 unidades operando en simultáneo.
Para solucionar la limitada autonomía de sus baterías y evitar largas esperas de recarga, los ingenieros desarrollaron un sistema precursor del intercambio rápido: utilizaban elevadores hidráulicos en los talleres para retirar el pesado bloque de baterías de más de una tonelada por debajo del chasis y reemplazarlo por uno cargado en apenas unos minutos.
A pesar de la innovación, la tecnología del siglo XIX terminó cobrando su cuota. El peso descomunal del vehículo sobre ruedas de caucho macizo, el constante impacto contra las calles empedradas y los elevados costos de mantenimiento provocaron continuas averías mecánicas. Esta acumulación de problemas financieros llevó a la compañía a la quiebra definitiva en el verano de 1899.
Entre los pasajes más curiosos de su corta historia, esta flota protagonizó el primer arresto registrado en los anales automotrices por conducir bajo los efectos del alcohol, cuando uno de sus choferes perdió el control y chocó contra una vivienda en Bond Street en septiembre de 1897.
Aunque aquel silencioso despliegue de taxis duró apenas dos años en circulación, el experimento de Walter Bersey demostró que la visión del transporte limpio existía mucho antes de lo que la mayoría imagina. La historia de los "colibríes" permanece como el testimonio de una idea adelantada a su época, cuyo verdadero potencial tardó más de un siglo en consolidarse en las grandes ciudades del mundo.