06/07/2015
Un gran número de automóviles circulan con el líquido de frenos en mal estado.
Este dato "alarmante", obliga a recordar a los conductores la importancia de mantener este elemento en buen estado, ya que en una frenada de emergencia, cada centímetro cuenta.
Su principal función es transmitir la fuerza ejercida sobre el pedal de freno a las pastillas y/o zapatas para llegar a detener el vehículo, siendo un elemento clave en la seguridad del vehículo y de los ocupantes.
El líquido debe tener un punto de ebullición muy alto, estando siempre en funcionamiento a altas temperaturas (+250ºC), principalmente en frenadas de emergencia o frenadas continuas.
Para comprobar que el líquido está en perfecto estado, el color de éste debe ser amarillo transparente y encontrarse siempre entre las dos marcas de máximo y mínimo.
Entre los problemas que pueden surgir en el vehículo, de no tenerlo en buen estado, existen varios, como que puede absorber humedad, con lo que la efectividad del líquido se reduce drásticamente, o que puede provocar la corrosión y deterioro prematuro de los componentes del freno (bomba de freno, ABS…)
Se recomienda cambiarlo entre el primer y el tercer año de uso del vehículo y siempre en un taller especialista, ya que con un mantenimiento correcto, un trabajo profesional y un líquido de máxima calidad, lograremos mejorar nuestra seguridad, acortaremos la distancia de frenada y prolongaremos la vida de nuestro sistema de frenos.