11/06/2026
¿Productividad o castigo? La ofensiva para obligar a los profesores a dar más clases 📚⚖️
🎓 En varios estados de EE. UU., el debate sobre la universidad pública ha dado un giro interesante: ya no se discute solo qué se enseña, sino cuánto deben enseñar los profesores. Wisconsin, Utah y Kansas aprobaron en el último año cargas docentes mínimas obligatorias para el profesorado. Para algunos legisladores conservadores, se trata de eficiencia y rendición de cuentas. Para muchos docentes, es una intervención política que desconoce cómo funciona realmente el trabajo académico.
💬 Hay una narrativa creciente que cuestiona la productividad del profesorado, especialmente en áreas no STEM, y que critica la investigación “intelectualmente poco seria” financiada con recursos públicos. En ese contexto, imponer mínimos de docencia se presenta como una manera visible de “hacer algo”. Pero la pregunta de fondo es si esto mejora la educación o simplemente responde a una lógica de control y disciplinamiento.
• En Wisconsin, a partir de septiembre, los profesores de tiempo completo deberán impartir al menos 24 créditos anuales, y en las instituciones R1 del sistema, 12 créditos.
• En Utah, la exigencia fija 24 “equivalentes de horas instruccionales” por año académico para personal docente no permanente, una métrica que no coincide exactamente con los créditos tradicionales.
• En Kansas, la Junta de Regentes estableció mínimos de entre 6 y 9 créditos en universidades de investigación, y 12 en instituciones regionales, junto con revisiones pos-tenencia más estrictas.
• Los impulsores argumentan que esto optimiza recursos, refuerza el foco en la enseñanza y limita investigaciones consideradas irrelevantes para el público general.
• Think tanks como el Goldwater Institute han propuesto modelos legislativos que exigen 18 créditos anuales en áreas fuera de STEM o “civilización occidental”.
• Sindicatos y asociaciones académicas sostienen que muchos profesores ya trabajan más de 40 horas semanales, combinando docencia, investigación, tutorías, gestión, comités y vinculación pública.
• Un aumento típico de 3-3 a 4-4 cursos por año implica aproximadamente un 33 % más de carga docente, lo que algunos académicos describen como un recorte salarial indirecto si no hay compensación adicional.
• Economistas de Purdue advierten que los efectos negativos pueden ser graduales: menor calidad docente, menos investigación, menos servicio institucional, y dificultades para mantener actualización disciplinar.
• Los posibles ahorros presupuestarios serían marginales, ya que muchas instituciones ya operan bajo presión financiera constante.
El punto delicado es la autonomía universitaria. Durante décadas, las legislaturas estatales concedieron amplio margen a las universidades para organizar sus cargas laborales. Pero esa “burbuja protectora” parece haberse roto, especialmente en estados gobernados por republicanos. Cuando se pierde la confianza política, entran en juego medidas que antes habrían parecido impensables.
Al final, la discusión no es solo sobre cuántas clases debe impartir un profesor. Es sobre qué se entiende por trabajo académico. ¿Es únicamente estar frente a grupo? ¿O incluye investigar, asesorar, participar en comités, gestionar proyectos, innovar en currículo y contribuir al debate público? Si la respuesta política reduce la labor docente a una métrica cuantificable, el riesgo es que lo invisible —pero esencial— termine debilitándose sin que nadie lo note de inmediato.
Fuente
Megan Zahneis, “The Campaign to Make Professors Teach More”, The Chronicle of Higher Education, 4 de febrero de 2026.
Para localizar el texto completo, busca en Google: “The Campaign to Make Professors Teach More Megan Zahneis The Chronicle of Higher Education February 4 2026”.
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