22/05/2026
En el universo de Transformers casi siempre nos venden exóticos imposibles, superautos futuristas o máquinas militares gigantescas.
Pero en Bumblebee (2018), el director Travis Knight nos llevo al paraíso de la época dorada de los coches clásicos, puro poder americano en cada Transformes y Decepticon.
Algo que llama la atención es la elección de los villanos principales:
en lugar de esconderlos bajo alas o tanques futuristas…
los convirtió en auténticos muscle cars americanos.
Así llegaron Shatter y Dropkick:
dos Decepticons ocultos bajo puro acero setentero.
Y la elección de esos modelos no fue casualidad.
🍎 Shatter — Plymouth Satellite 1971
La líder de los villanos toma la forma de un Plymouth Satellite rojo cereza con techo negro.
Y sí:
muchos lo confunden con un Road Runner a primera vista.
Pero realmente se trata de un Plymouth Satellite de plataforma B con el famoso diseño “Fuselage” que Chrysler lanzó en 1971:
líneas enormes, curvas y aerodinámicas inspiradas en aviones de combate.
Era un carro que parecía moverse incluso estando detenido.
Lo mejor:
compartía ADN con bestias como el GTX y el Road Runner.
Dependiendo de la versión, podía esconder bajo el cofre:
🔥 383 Magnum
🔥 440 Super Commando
🔥 o el monstruoso 426 HEMI
Con esa parrilla profunda y esa silueta gigantesca, el Satellite parece diseñado específicamente para ser un villano de película.
🔷 Dropkick — AMC Javelin AMX 1972
Y luego aparece el rebelde del grupo.
Dropkick toma la forma de un AMC Javelin AMX azul oscuro, uno de los muscle cars más raros y subestimados de toda la era dorada americana.
AMC siempre fue el “forastero” de Detroit.
Mientras Ford, GM y Chrysler dominaban las calles, American Motors hacía las cosas a su manera.
Y el Javelin AMX era exactamente eso:
un pony car con alma de muscle incómodo, agresivo y salvaje.
Para 1972 ya tenía:
⚡ salpicaderas hiperensanchadas
⚡ parrilla negra de competición
⚡ spoiler integrado tipo cola de pato
Y bajo el cofre todavía resistía con el brutal V8 401, uno de los últimos motores grandes con verdadero carácter antes de que las leyes anticontaminación empezaran a ahogar la era del músculo americano.
El legendario preparador Dennis McCarthy —el cerebro automotriz detrás de Rápido y Furioso— fue el encargado de construir los carros de la película.
Y como no iban a destruir piezas originales de colección…
hicieron lo que cualquier buen taller haría:
ingeniería pura.
Para Shatter usaron 4 Plymouths distintos.
Para Dropkick, 3 Javelins modificados.
Muchos eran modelos base disfrazados visualmente para parecer versiones premium.
Los carros de acción recibieron:
jaulas de seguridad
suspensiones reforzadas
y motores V8 modernos escondidos bajo carrocerías clásicas
¿La razón?
Evitar fallas en pleno rodaje y garantizar que aguantaran brincos, derrapes e impactos sin reventarse a media filmación.
Hay que reconocerlo:
Bumblebee fue un verdadero regalo para quienes amamos los carros clásicos.
Ahora sí, banda ¿ Con cuál villano se quedan ?
¿El brutal Plymouth Satellite Fuselage…
o el rebelde AMC Javelin AMX?
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