04/04/2026
Tuluá: Donde el "bang-bang" se volvió paisaje 🥀
En el corazón del Valle, parece que la vida perdió su precio. Desde que tengo memoria, en esta pequeña porciúncula del mundo, la muerte no discrimina: caen niños, jóvenes, viejos, mujeres; negros, blancos, ricos y pobres.
Aquí, las funerarias nunca descansan, porque los pistoleros siempre tienen una "razón" para apretar el gatillo. Lo difícil no se habla, se arregla con el bang-bang.
Uno se despierta con una pregunta amarga en la garganta: —¿A quién irán a matar hoy?— Las razones solo las conocen "ellos". Los que desarrugan los billetes para pagarle a sus empleados juveniles: gatilleros asalariados que, sedientos, buscan víctimas para cobrar su mesada.
En Tuluá no se respeta el aire que respiramos. Se mata en la calle, en la casa, en el parque, en la pista de patinaje, en la iglesia o en el restaurante. Cualquier lugar, con gente o sin ella, es propicio para cobrar venganza.
La vergüenza se perdió y el miedo se esfumó. A lo que venimos, vamos: —Bang, bang... ¡Súbase a la moto y pisémonos!—
Y luego, el silencio cómplice. El "ojo pues": aquí nadie vio nada, todos estuvieron y ninguno recuerda. A las pocas horas, el olvido se traga al asesino y también al mu**to.
Qué ironía la nuestra: en Colombia se perdona al forajido y se castiga al denunciante. Parece que es mejor callar, porque si atrapan al "carnicero", a las pocas horas está libre... mientras que el "sapo" ya tiene una pata en el cementerio.
¿Y tu crees que este escrito es solo ciencia ficción?
Alberto Vidales